Adoración: ¿Excelencia o conformismo?

Toda mi vida he estado rodeado de música. En especial música cristiana. Dios me bendijo con la oportunidad de crecer en un hogar cristiano, y de ser parte de una familia de pastores, ministros, músicos; en pocas palabras, una familia que sirve a Dios. Mi abuelo, Francisco Camela Domínguez (1911-2006), fue pastor de la Iglesia Evangélica Salem, ubicada en San Martín Texmelucan, por más de 50 años. Él fue un multi-instrumentalista, compositor de varios himnos, no muy conocidos, pero de gran belleza y agradable composición. Cuando yo tenía 15 años, mi querido abuelo partió para encontrarse con su Señor. No lo tuve conmigo mucho tiempo, pero sí el suficiente como para aprender multitud de lecciones, tanto de vida como del servicio a Dios. Una de ellas fue buscar la excelencia en todo lo que hiciera, porque el Señor es merecedor de nuestro más excelente trabajo. Una “buena intención” no es suficiente, sino que la intención debe ser complementada con el mejor trabajo posible.

Este es el punto toral de mi entrada de hoy. ¿Cuántas veces no hemos escuchado esta frase: “No importa que lo hagas mal, siempre que lo hagas de corazón”? Ésa es la tristísima realidad de incontables músicos y ministros de alabanza, incluido yo en otro tiempo. Nos enfocamos, a veces de manera desmesurada, en la “genuinidad” y “legitimidad” de nuestro servicio, que descuidamos la parte técnica y musical. Caemos en un conformismo y nos estancamos en la mediocridad, escudándonos en que “lo hacemos para Dios, no para los hombres”. ¡Precisamente! Si lo hacemos para el Señor, ¡hagámoslo bien! Si vamos a servir en la alabanza y adoración, ¡esforcémonos por hacer lo máximo!

En mis 13 años como músico, y casi 8 como líder de alabanza, he visto esta actitud en muchas personas. No tienen el más mínimo interés por en verdad aprender su instrumento. Tienen 5 años tocando, pero suenan como si hubieran empezado hace 3 meses. Han cantado en el coro por 10 años, pero si los escuchas, te preguntas cómo los han tenido ahí tanto tiempo. No hay progreso, no hay crecimiento. La dejadez impera en ellos. Se limitan a hacer “lo suficiente”, sin interesarse por dar más. Estoy de acuerdo, y soy perfectamente consciente de que todos debemos iniciar en algún momento y que nadie nace sabiendo, pero ¿por qué tolerar la mediocridad?

El ministerio de alabanza no es un lugar para aprender el instrumento o desarrollar la voz. Si vamos a servir ahí es porque ya tenemos un nivel aceptable y somos lo suficientemente competentes para realizar el trabajo eficazmente. La Palabra de Dios nos da conceptos claros sobre la alabanza y sobre quiénes participan en ella. 1 Crónicas 15:22 nos habla sobre Quenanías, jefe de los levitas, i.e., la clase servicial dedicada a la adoración. El pasaje dice que él (Quenanías) dirigía el canto como un experto. En el mismo libro, capítulo 25, versículo 7, se nos dice que los músicos y cantores habían sido instruidos para cantarle al Señor. Hay pasajes en cantidad suficiente para ilustrar mi punto. Si nos tomamos en serio la Palabra, y también el ministerio, nos daremos cuenta de que es preciso instruir y preparar a las personas que van a ministrar alabanza en la congregación. No debería estar cualquier persona tocando y cantando en nuestras iglesias, sino sólo aquellos que lo hacen con entendimiento.

La música tiene un profundo efecto en nosotros. ¿Quién no ha derramado alguna lágrima escuchando una hermosa pieza de música clásica? ¿Quién no se siente alegre con una vibrante canción? Es conocimiento común que la música evoca las más íntimas emociones. ¡Imagínate ahora esas emociones tocadas no sólo por la música, sino por el poderoso Espíritu Santo! Esa alegría que sientes, la paz que vives, el gozo que te inunda, ¡Se multiplica con la presencia de Dios! Como ministros de alabanza tenemos la gran responsabilidad y el tremendo privilegio de guiar al pueblo hacia el Trono del Padre. Se trata de conectar nuestro espíritu con el Espíritu de Dios. De estar “en la misma página” con nuestro Señor. Ese objetivo se logra más fácilmente cuando existe un acompañamiento musical de calidad.

Créeme, es muy, pero muy fácil distraerse con voces desafinadas e instrumentos impropiamente ejecutados. Uno hace lo posible por concentrarse y adorar, pero de vez en cuando esos “guitarrazos” y “tamborazos” sin sentido llegan a quitar la atención, y terminan por romper con el ambiente de adoración, y el tiempo que debía ser de profunda intimidad con el Señor se transforma en un tiempo infructuoso. ¡Tengamos cuidado!Ahora bien, mi intención no es pedir que todos seamos instrumentistas virtuosos o cantantes súper dotados. Puedo confesar, por ejemplo, que me falta mucho para llegar al gran nivel de mis guitarristas preferidos. Pero sí puedo decir que soy capaz, por gracia de Dios, de hacer un buen papel en la alabanza y tocar apropiadamente la guitarra. Mi propósito con esta entrada es animar y exhortar a mis colegas adoradores a crecer como músicos y llevar la adoración en sus iglesias a un nivel mucho mayor. Es seguro decir que Dios busca la excelencia, y es nuestro deber buscarla.

Entradas Recientes
Entradas
Sígueme
Búsqueda por Etiquetas
Archivo
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square